jueves 8 de enero de 2009

Se acabó

En estas vacaciones, y por razones no del todo previstas, he tenido tiempo más que de sobra para lo que un coyuntural compañero de viaje denominaba “profunda introspección”. Según su teoría, en el mundo actual nos dedicamos poco a pensar y mucho a actuar, así que todos necesitamos dedicar un tiempo a esas profundidades de vez en cuando. Y, pobre hombre, no le iba yo a quitar la razón, pero lo que para algunos puede ser una necesidad, para otros, como yo mismamente, no debería ser sino el desencadenante para que se dispararan las alarmas más alarmantes: ni-no-ni-no-ni-no-ni-no deja de pensar, Ana ni-no-ni-no-ni-no-ni-no por Dios, Ana, DE JA DE PEN SAR… Porque tengo que reconocer que es muy difícil que mis momentos de introspección profundísima terminen sin damnificados. Pero nada, las alarmas no sonaron, y aquí estoy, ejecutando la primera sentencia resultante: se acabó el blog.

El caso es que podría alegar un montón de causas racionales para terminar, pero ninguna sería cierta del todo. La única verdad es la sensación de que este proyecto ya ha llegado a su fin, sin más.

Este blog ha sido una ventana abierta a parte de mi vida durante algo más de un año. Ha llegado la hora de cerrarla. La mayoría de mis pocos, aunque muy fieles, lectores tenéis abierta ya alguna otra ventana o, incluso, puerta a esa mi vida real quizá no muy distinta de la del blog. Esas ventanas y puertas podréis seguirlas usando con la misma asiduidad, y mi vida os seguirá recibiendo con el mismo o incluso mayor entusiasmo.

Por mi parte, y como propósito para el año nuevo, intentaré incrementar los momentos de extrospección (si es que eso existe) y tener muy controladitos a los contrarios, que con un damnificado por año ya es suficiente.

¡Suerte en el 2009!

domingo 28 de diciembre de 2008

10.000... ¿o 9.999?

Vaya, qué suerte la mía. Resulta que yo había pensado dar un premio al visitante número 10.000, por aquello de que es una cifra redonda, y porque sí, que para eso es mío el blog. La verdad es que no había pensado qué pero me pareció que tenía tiempo de sobra para pensarlo, dado que el ritmo de visitas ha bajado en las últimas semanas, mayormente por la crisis pienso yo, que es la que tiene la culpa de todo, que si no ¿por qué iba a decrecer el interés en mi blog? (esta pregunta es absolutamente retórica, no espero ninguna respuesta, ninguna ¿entendido?).
Una idea que se me había ocurrido era dedicar un post al visitante correspondiente, pero dado que la mayoría de las entradas que recibo de google siguen siendo de los internautas que buscan fotos de "ana simón desnuda" pues lo mismo era mejor buscársela yo y publicarles una, ahora que esto a mi padre no le iba a gustar, y además para compensar a esas mis lectoras de gustos tradicionales, tendría que publicar otra de... de ... ¿Brad? ¿Derek? ¿o lo mismo Darek? ... buff, un lío. Además, al pensar en cifras redondas pues pensé yo también que a mí el 10.000 no me gusta, y que quizá la mejor cifra fuera el 9.999, que está cerca y me gusta más.
Pero andaba yo perdiendo el tiempo en divagar sobre el premio y la cifra cuando de pronto, y como suele ocurrir hasta en lo más importante... va el acontecimiento y ¡pum! se produce antes de tiempo. Y me ha pillado desprevenida. Pero he decidido actuar, rápidamente, sin dilación y, dado que el visitante número 10.000... ha sido...
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... una servidora (seguro la visitante más asidua), voy a cumplir con lo previsto y premiarme como, sin duda, merezco. Lo de dedicarme un post es tontería, porque anda que no me he dedicado ya, lo de la foto de ana simón... pues casi que no... lo de las fotos de los otros... pues... no sé... si quiero verlas ya las busco y las miro ¿no?, que digo yo que no estará tan difícil como las de Ana Simón ...
Descartados, entonces, post y fotos, así como y, al menos por el momento, coche, casa, apartamentoenSantaPolaAlicante, novio/ligue/pareja/amante, un talón lleno de ceros, o cualquier otra cosa que pudiera resultarme excesivamente gravosa (en dinero o en complicaciones mentales), he decidido regalarme... una hora. Sí, una hora, pero no una hora cualquiera: una hora del 2009 (sí, porque termina en 9). Aunque tenga que restársela al 2008.
La pena es que conseguir esa horita me va a costar un largo viaje. Sí, una pena... una gordísima pena. Voy a ver si haciendo la maleta se me pasa.

miércoles 24 de diciembre de 2008

Navidad

Llevo unos días que estoy sembrada. De inteligencia, aplomo y seguridad. Con decir que en la última película que he visto hay varias escenas que no he entendido y me las han tenido que explicar mis hijos... (sí, era de dibus y no, no pienso decir el título, como autohumillación esto ya me parece suficiente).

Además resulta que, una vez que está una floja, va el entorno y se ensaña... un par de virus sucesivos, el tráfico en Madrid, un nuevo sucedido imposible en mi corta familia (esta vez en nuestra contra), las intrigas de casi adolescentes en el trabajo, las pelis de dibus o... mismamente las fechas, que no hay nada como unas fiestas navideñas cuando el aplomo flojea.

Así que aquí estoy, en la casa de mis mayores, a punto de estabular a ocho menores en un comedor de veinte metros, mientras los nueve comensales adultos hacen como si creyeran que por una vez van a cenar tranquilos...JA!. Podríamos hacer apuestas sobre qué adulto perderá el primero la paciencia (mi padre tiene muuuuuchas papeletas, pero a veces nos sorprende y delega su cargo de impaciente en otro de nosotros), quiénes se enzarzarán en la primera pelea a puñetazos (en los menores, esto sólo pasa en los menores... por lo menos hasta ahora), quién será el primer lesionado o cuánto tardaré yo en sentirme un grano dentro de mi tradicional ambiente familiar de parejas eternas. Cosas de la Navidad.

Encima mis altas hermanas se me presentan todos los años subidas al taconazo, peinadas de pelu, maquilladas de fiesta y llenas de plateados y yo, ... pues lo dicho, parezco un grano, o una espinilla, que es más chiquita. Así que he decidido que este año no me pillan, que una si ha de ser grano lo será, pero un grano elegante y fashion: de plata, rimel y melena al viento. Que los granos también sabemos vestirnos de fiesta.

FELIZ NAVIDAD A TODOS.

domingo 21 de diciembre de 2008

21 de diciembre

Hoy es un día optimista. El más optimista del año. Es el día más corto, el de menos luz, el de más sombra y oscuridad. Por eso mismo. Porque hoy todos esos a los que nos gusta la luz, podemos tener la certeza de que a partir de mañana tendremos cada día un poquito más. Muy poquito al principio, sí, pero avanzando seguro, algo que, por otra parte, es mucho más de lo que puedo decir de cualquier otro de mis actuales proyectos y aspiraciones. Y, además, esto se va a producir sin depender en nada de la suerte, de las decisiones propias y ajenas, de los vaivenes de la crisis económica, de mi empeño personal, mi finita paciencia, las decisiones de los que me rodean, mis rezos y los de mis mayores, de las insensatas pretensiones de mis jefes, de mis cruces de dedos, de los estados de ánimo míos y de los que me rodean, de sus esfuerzos… nada, de nada va a depender. Así, sin más y porque sí, a partir de mañana cada día habrá más luz. Seguro. Y, vaya, no es que me vaya a solucionar la vida, pero un poquito me la va a mejorar, cada día un poquito.

Y de lo demás… pues bueno, ya me seguiré ocupando yo… confiando en mi suerte, en mi capacidad para elegir y tomar decisiones, en mi empeño personal, en la colaboración de mis afectos, en mi paciencia (finita pero elástica), en mis rezos y en los de mis mayores y en el empeño y apoyo incondicional de mis menores. Vamos, con todas las armas en pie de guerra. Como siempre.

martes 16 de diciembre de 2008

Intuición

Yo, como muchas otras personas, creo que más entre las de mi sexo, tengo frecuentes intuiciones: sensaciones de que alguien a quien acabo de conocer será importante en mi vida, de que alguien con apariencia de ángel es más malo que un demonio, de que alguna aventura insensata va a salir bien, en contra de todas las previsiones racionales… o, simplemente, la de que algo está a punto de pasar. Intuiciones básicas. A veces en situaciones nimias, alguna de las cuales le hace a uno de mis hijos estar convencido de que soy un poco maga (bruja sería, según otras versiones), y así se lo cuenta a sus amigos.

Ya conté que llegué al viernes pasado con la profunda intuición de que me iba a aflorar un espíritu, el navideño. Y, para seguir invocándole, acompañé al aprendiz de mago a un teatro en su cole: niños disfrazados de pastores, villancicos, padres babeantes, niños subiéndose en las sillas, deseos de paz y amor, niños gritando… Era la prueba determinante. Y afloró, vaya si afloró, lo malo es que yo había tenido cierta confusión de señales en mi intuición y lo que afloró no era un espíritu, era… un virus. Gástrico. Que me ha tenido en danza (es un decir) todo el fin de semana. Que yo ya puesta a estar en danza hubiera preferido un espíritu, incluso el navideño. Pero no he podido elegir.

Es la peguita que tienen las intuiciones, que no suelen venir muy detalladas y a veces la aparición no coincide exactamente con lo que una esperaba. La ventaja, por otra parte, es que una vez realizada la aparición, la intuición desapareció y ya no tengo la presión de pensar “a saber qué se me va a aparecer ahora”, y puedo pasar la semana relajadita. Sin intuiciones. Ni apariciones. Que luego te dan unos sustos…


…Bueno, o no, que ocasiones también ha habido en que imprevistas apariciones se convierten en el mejor de los regalos.

viernes 12 de diciembre de 2008

Espíritu navideño

Para esta semana me tocaba escribir un post pre-navideño. Sí. Me tocaba. Lo había decidido yo. Así que estoy desde el lunes esperando que me aflore el espíritu, pacientemente. No creáis que lo he dejado sólo a que viniera sin más, no, yo me he esforzado: me he paseado por las calles con un frío espantoso, he mirado fijamente las lucecitas, he ido incluso a ver Cortylandia sin los niños (que eso roza el masoquismo), he comprado lotería de Navidad, hemos puesto el Belén en casa, he visto un par de veces el anuncio de Freixenet, otras tres o cuatro el “vuelveacasavuelve”, estoy preparando los disfraces para los niños… pero nada, no hay manera, no me aflora. Y se me va la semana, así, a lo tonto, sin escribir.

Por eso escribo hoy, para pedir disculpas a los lectores asiduos. Disculpas por no haberles ofrecido entretenimiento esta semana. Lo siento, pero es que no he sido capaz.

Por otra parte también debéis ser conscientes de la suerte que hemos tenido todos. Porque yo, si hubiera conseguido escribir algo esta semana, hubiera sido un texto de esos blanditos, amables, casi cursis, de esos de llorar, que en este mes se perdona todo, y yo cuando escribo de llorar… pues lloro, por acompañar al texto. Y no me apetece mucho. Además, ahora en cuanto a vosotros lectores, para leer un post de esos y quedarse contento hay que tener mucho espíritu navideño, pero mucho, mucho, que si no son un tostón infumable. Así que, mira, yo me habré ahorrado el post de esta semana pero vosotros… vosotros no habéis tenido que tragároslo. Todos salimos ganando. Vaya suerte que tenemos.

miércoles 3 de diciembre de 2008

De los hombres y la bechamel

Ya conté en otro texto hace unos meses que entender a los hombres y a la bechamel a mí me exige el mismo esfuerzo mental. Resulta que ayer mientras daba vueltas en la sartén a mi último alarde gastronómico, di en descubrir que lo de mi esfuerzo mental no es la única analogía. Veamos:

En las bechameles que yo hago hay dos tipos básicos:

1. la de los huevos rellenos: que ha de ser sólo una salsa, ligera y casi volátil, requiere poquito esfuerzo y dura el tiempo justito de echarla sobre los huevos y llevarla al comedor, visto y no visto, agradable al paladar, te alegra el ratito mientras la comes y al llegar a los postres ya te olvidaste de ella.

2. luego está la de croquetas, que sería una masa consistente, esta me exige un esfuerzo mayor porque la textura ha de ser más fuerte, y para conseguir esa textura hay que ir removiendo con paciencia, poco a poco, con dedicación, para que quede más firme, estable, y pueda ser perdurable más allá de esa tarde (la tradicional bandeja de croquetas al congelador) sin perder sabor.

La situación ideal sería que yo me pusiera a hacer bechamel de croquetas y me saliera esa o que con los huevos cocidos ya rellenos yo me pusiera a hacer la bechamel número uno y me saliera. Pues no. En mi vida las situaciones ideales no existen y la probabilidad de que a mí me salga una bechamel u otra es absolutamente aleatoria, así que hay días que queremos cenar croquetas y no hay manera y otros en los que con los huevitos rellenos tan monos en sus platitos lo que a mí me sale pesa más que los mismos huevos. Y, claro, esto puede frustrar, por lo de traicionar expectativas preexistentes, más que nada.

En los hombres que yo me encuentro hay también dos tipos básicos:
1. el hombre croqueta.
2. el hombre salsa.
Las cualidades de cada uno son parecidas a las de las bechameles de los mismos tipos. Y no creo que haga falta detallar más (tened en cuenta además que me lee mi padre). El problema tradicional ha sido, como con las bechameles… la preasignación de tipologías: que veía yo a un hombre con pinta de croqueta… me salía salsa, que le veía yo un cuerpo de salsa que no veas… él pretendía ser croqueta. Y así no hay manera. Todo por culpa de las preasignaciones tipológicas.

Así que yo ahora tengo un nuevo sistema para afrontar los inicios de relación con… las bechameles: la mentalidad flexible. Sólo enciendo el fuego si estoy relajadita y dispuesta a admitir sorpresas. Que resulta que sale pastosa… cenamos croquetas, esa noche y otras cuantas más. Que sale salsita… pues… salsita cenamos. Que se llena de grumos y hay que tirarla… pues nada, se tira, cenamos otra cosa y lo de la bechamel se intenta otro día de mayor inspiración. Y así todos tan contentos, sin frustraciones. Que al fin y al cabo demostrado está que una puede vivir sin cenar bechamel mucho tiempo, pero mucho, mucho.