En estas vacaciones, y por razones no del todo previstas, he tenido tiempo más que de sobra para lo que un coyuntural compañero de viaje denominaba “profunda introspección”. Según su teoría, en el mundo actual nos dedicamos poco a pensar y mucho a actuar, así que todos necesitamos dedicar un tiempo a esas profundidades de vez en cuando. Y, pobre hombre, no le iba yo a quitar la razón, pero lo que para algunos puede ser una necesidad, para otros, como yo mismamente, no debería ser sino el desencadenante para que se dispararan las alarmas más alarmantes: ni-no-ni-no-ni-no-ni-no deja de pensar, Ana ni-no-ni-no-ni-no-ni-no por Dios, Ana, DE JA DE PEN SAR… Porque tengo que reconocer que es muy difícil que mis momentos de introspección profundísima terminen sin damnificados. Pero nada, las alarmas no sonaron, y aquí estoy, ejecutando la primera sentencia resultante: se acabó el blog.
El caso es que podría alegar un montón de causas racionales para terminar, pero ninguna sería cierta del todo. La única verdad es la sensación de que este proyecto ya ha llegado a su fin, sin más.
Este blog ha sido una ventana abierta a parte de mi vida durante algo más de un año. Ha llegado la hora de cerrarla. La mayoría de mis pocos, aunque muy fieles, lectores tenéis abierta ya alguna otra ventana o, incluso, puerta a esa mi vida real quizá no muy distinta de la del blog. Esas ventanas y puertas podréis seguirlas usando con la misma asiduidad, y mi vida os seguirá recibiendo con el mismo o incluso mayor entusiasmo.
Por mi parte, y como propósito para el año nuevo, intentaré incrementar los momentos de extrospección (si es que eso existe) y tener muy controladitos a los contrarios, que con un damnificado por año ya es suficiente.
¡Suerte en el 2009!
El caso es que podría alegar un montón de causas racionales para terminar, pero ninguna sería cierta del todo. La única verdad es la sensación de que este proyecto ya ha llegado a su fin, sin más.
Este blog ha sido una ventana abierta a parte de mi vida durante algo más de un año. Ha llegado la hora de cerrarla. La mayoría de mis pocos, aunque muy fieles, lectores tenéis abierta ya alguna otra ventana o, incluso, puerta a esa mi vida real quizá no muy distinta de la del blog. Esas ventanas y puertas podréis seguirlas usando con la misma asiduidad, y mi vida os seguirá recibiendo con el mismo o incluso mayor entusiasmo.
Por mi parte, y como propósito para el año nuevo, intentaré incrementar los momentos de extrospección (si es que eso existe) y tener muy controladitos a los contrarios, que con un damnificado por año ya es suficiente.
¡Suerte en el 2009!

