domingo 25 de mayo de 2008

Lo que te pida


Esto no es un texto normal de los míos, un texto de esos en los que voy y cuento lo que me apetece y allá películas si alguien lo lee o no y qué opina cada cuál. No, no. Esto es otra cosa. Esto es una advertencia general a mi entorno: vamos a ver, yo no soy capaz de entender según qué peticiones. Y lo intento de veras, pero debo tener una importante limitación que me lo impide. Me refiero a esos “lo que te pida” que te dicen los expertos y las expertas en múltiples disciplinas, por ejemplo:
1. Culinaria. Me explica una amiga, aparentemente inconsciente de mi ineptitud en estas lides, cómo se hace una bechamel: un par de cucharadas de aceite, una cucharada sopera de harina, y leche. ¿Cuánta leche?. No sé… “la que te pida”. La que me pida la harina, quiere decir. Entonces yo hago la bechamel, hago un esfuerzo ímprobo por comprender a la harina y… no hay caso: o me queda un batido de… harina, o me queda un engrudo incomible lleno de grumos. Y todo por no haber sido capaz de atender la petición de la harina.
2. Mecánica. Al explicar un mecánico, comercial, cuñado, amigo o conocido vario (siempre, siempre el explicante pertenece a mi sexo contrario) el cuándo hay que cambiar de marcha a un coche, siempre, siempre, siempre me dicen… “cuando el motor te lo pida”. El motor. Me lo pide. Guay. En el idioma de los motores. Y yo soy bastante tarda en entenderlo, si es que lo hago, así que según algún pasajero masculino eventual el motor de mi coche, de vez en cuando anda dando gritos que yo no entiendo.
3. Seres inanimados, o sea plantas. Otra de mis ineptitudes. A mí o se me olvida regarlas o las ahogo en agua, no tengo una medida muy regular del tiempo que hace que las regué y llega un momento que, cuando voy a regarla, ya es tarde, pasó a mejor vida. Y todavía, de vez en cuando, algún alma cándida me regala una plantita. Tranquila, esta sí que te va a durar, no te tienes que preocupar por ella. Ah, ¿no hay que regarla?. Sí, mujer, regarla sí, pero no mucho, sólo cuando “te lo pida”. ¿La planta me lo va a pedir?. Pues como no sea a voces… Y se muere. No falla.
4. Seres animados, o sea hijos, a los aún no hablantes me refiero. Resulta que en el hospital te sueltan a un niño y un majísimo y profesionalísimo pediatra te dice: dale de comer cuando te lo pida. A demanda, que dicen los modernos. Vale, yo sé que no hablan, pero berrean y “buscan”, gesto característico de los bebés que quieren zampar. Así que pienso: si llora o busca… le largo bibe. Pues no, porque el pediatra, viendo que yo lo tenía demasiado claro, me dice que lloran por más motivos (míralos tú, qué amplios de intereses ya desde tan chicos) y que a veces cuando buscan no es porque tengan hambre, no, es porque les duele la tripa y el succionar les calma. ¿Y yo cómo sé la diferencia?. Nada, eso son cosas que la tradición dice que una madre siempre sabe. Pues a mi dotación genética se le debió olvidar incluir el pack madre, y de resultas anda que no hubo veces de pensar “qué …. le pasará a este niño” después de haber intentado largarle un bibe que no consiguió calmar sus llantos.
Así que yo aviso, si alguien tiene que pedirme algo, por favor sea un ser animado y con vocabulario suficiente para expresarse con claridad. Y en un idioma que yo entienda. Y, a ver, yo entender, entender, sólo entiendo el castellano y hablado por personas de mi sexo, que ya para el sexo contrario tengo que hacer un esfuerzo parecido al de la bechamel. Y … buff… qué pereza.

3 comentarios:

Juan dijo...

Jajaja... muy bueno. Despues de años metido en la cocina, la bechamel y la tortilla de patatas se me siguen resistiendo. Y el sexo contrario tambien tiene sus 'lo que te pida' que dificiles son las mujeres (para
mi). Un beso.

Ana dijo...

Lo que yo digo, Juan, sexo contrario y bechamel exigen un mismo esfuerzo. Un beso.

Juan dijo...

Ana, me ha encantado tu respuesta. Un pensamiento para enmarcar ... Un beso.