Mi edad ya empieza por cuatro y, aunque voy teniendo un criterio muy formado sobre múltiples y variadas cuestiones, también me acompaña la seguridad de no poseer todas las certezas y, por tanto, la firme convicción de tener que seguir buscando. Es por eso que me considero en continua construcción.
Yo tengo muchísimas ideas. Sí, eso no es ningún problema. Soy inquieta y doy muchas vueltas a las cosas así que material hay y alguno, incluso, muy, muy original, pero, eso sí, ninguno es mío. Ahora, me temo que por la edad, el proceso es consciente, pero llevo años haciendo lo mismo sin darme cuenta.
Yo hablo, mucho, leo, lo que puedo, y escucho, lo que me dejan, y luego… copio. Y así me voy construyendo, con trozos que copio de otros. La verdad es que hay pensamientos que, así a primera vista, me parece que se me han ocurrido a mí. Pero pondría la mano en el fuego por que surgieron a partir de algo que leí o escuché en algún momento, y se me quedó en algún espacio mental sin ocupar y fue creciendo, creciendo, hasta que de pronto… ¡plaff!... pensamiento personal a la carta.
Cuando hablo o escribo, si soy consciente de la copia y me acuerdo de la dueña o dueño original, lo cito sin ningún remilgo, sea quien sea, pero si esto no ocurre pues… no.
Así que aviso a mis lectores: que nadie me venga haciéndose el listo con eso de que esto lo he oído o leído yo antes, porque sí, seguro, es cierto, también yo lo hice.
Yo tengo muchísimas ideas. Sí, eso no es ningún problema. Soy inquieta y doy muchas vueltas a las cosas así que material hay y alguno, incluso, muy, muy original, pero, eso sí, ninguno es mío. Ahora, me temo que por la edad, el proceso es consciente, pero llevo años haciendo lo mismo sin darme cuenta.
Yo hablo, mucho, leo, lo que puedo, y escucho, lo que me dejan, y luego… copio. Y así me voy construyendo, con trozos que copio de otros. La verdad es que hay pensamientos que, así a primera vista, me parece que se me han ocurrido a mí. Pero pondría la mano en el fuego por que surgieron a partir de algo que leí o escuché en algún momento, y se me quedó en algún espacio mental sin ocupar y fue creciendo, creciendo, hasta que de pronto… ¡plaff!... pensamiento personal a la carta.
Cuando hablo o escribo, si soy consciente de la copia y me acuerdo de la dueña o dueño original, lo cito sin ningún remilgo, sea quien sea, pero si esto no ocurre pues… no.
Así que aviso a mis lectores: que nadie me venga haciéndose el listo con eso de que esto lo he oído o leído yo antes, porque sí, seguro, es cierto, también yo lo hice.

