Nada más entrar en mi casa, en la mesita de la izquierda hay un montón. Luego sobre la mesa del comedor hay otro. Éste cambia de asentamiento en función de cuántos seamos a comer, para pasar a la silla o, incluso, al suelo. La naturaleza de los bienes amontonados puede ser variable, aunque suelen ser papeles: revistas a medio leer, facturas que aún no decidí si archivar o romper, alguna carta leída mil veces, alguna sin abrir, el plano que me hizo tal amiga para llegar a su casa (por si acaso vuelvo pronto), algún informe médico sin trascendencia, invitaciones a actos culturales a los que no voy porque ya sé que no voy a poder pero aún así me parece poco culto romperlas según las recibo, el dibujo que cada día me regalan los niños… no sé, de todo. Es como un limbo de los papeles. Cuando no sé muy bien qué hacer con ellos directamente van al montón. Tenemos también un limbo de las cosas que es lo que tradicionalmente en mi familia se llama “cajón de los aliños” (no pienso buscar en el diccionario lo que significa porque es probable que no sea lo que yo llevo creyendo toda mi vida y al fin y al cabo no siempre me importa lo que diga la Real Academia, con perdón). Algún fin de semana me marco como objetivo eliminar los montones y hay veces que consigo currármelo pero, como mucho, el resultado es una reducción, la eliminación… nunca. Siempre hay algún papelillo con el que no sé qué hacer y allí va, al montón.
En mi casa, entonces, son “del montón” las cosas que no conseguimos clasificar a la primera, las que pese a venir en envoltorio efímero nos sugieren vocación de permanencia, las que a pesar de no ser prácticas son bonitas, o las que no siendo bonitas nos atraen lo suficiente como para querer quedarnos con ellas, o también las cosas que nos cuentan historias, nos guiñan un ojo y nos recuerdan afectos, las obras de arte de andar por casa, los escritos improvisados y con caducidad pero que releemos sin cansarnos…
Aviso entonces que es por esto que, si alguien un día me oye definirme como una mujer “del montón”, no se confunda, no es modestia… es chulería.
En mi casa, entonces, son “del montón” las cosas que no conseguimos clasificar a la primera, las que pese a venir en envoltorio efímero nos sugieren vocación de permanencia, las que a pesar de no ser prácticas son bonitas, o las que no siendo bonitas nos atraen lo suficiente como para querer quedarnos con ellas, o también las cosas que nos cuentan historias, nos guiñan un ojo y nos recuerdan afectos, las obras de arte de andar por casa, los escritos improvisados y con caducidad pero que releemos sin cansarnos…
Aviso entonces que es por esto que, si alguien un día me oye definirme como una mujer “del montón”, no se confunda, no es modestia… es chulería.


5 comentarios:
Yo también hago montones con muchas cosas: papeles, recuerdos (físicos y mentales, los físicos no los tiro nunca, los mentales intento guardarlos con aún más ahinco), listas (de libros, de cumpleaños, de la compra...). Pero lo mío es desorden, ya me gustaría darle un significado más poético...
Un beso, y me encanta la foto del blog...
Hola Ana! Pues entonces, tal y como lo describes, yo también soy una mujer del montón... bueno, de muchos montones. Porque mira que con tantas mudanzas que he vivido ya tenía que tener bien aprendida la lección: no acumular cosas, no acumular cosas... Y aunque suelo prescindir de casi todo (cuando dejé Tours vendí todos mis muebles) los objetos inevitablemente se tiñen de un cariño que les hace cobrar vida. Libros, detalles insignificantes que para mí tienen un valor inmenso.. Eso sí, a veces las experiencias humanas me ocupan más espacio vital del que debieran. Pero creo que en eso me parezco un poco a Benno, todo está en orden dentro del desorden. Mis papeles son la revolución.. jeje
Un beso! Y muchas gracias por tu mensaje, a ver si me espabilo y escribo, sí.. :)
Sí, bvarcimboldi, esa es otra versión, la del desorden pero queda menos bonita. Y gracias por lo de la foto, es lo que tiene el mar, es tan boniiiito...
Maria José que no te quepa ninguna duda, eres una mujer del montón. Y tú lo que no haces es publicar en tu blog, porque lo que es escribir no paras. Un besazo.
La mía está llena de montones, pero no está demasiado delimitado lo que es del montón y lo que es purita mierda. Y como soy tan vaga y tan mala sacando lugares donde guardar las cosas del montón, suelo coger una bolsa de basura, y arramplar con todo sin mirar demasiado. Sólo guardo los dibujos. Aunque a mi no me dan uno cada día. Qué suertuda.
Pat, es lo que tienen los montones, que la delimitación es muy difícil. Yo ahora procuro hacer limpieza en los días drásticos, es la única forma de tener espacio para movernos. Y los dibus no tengo espacio para guardar tantos como hacen ni mi oficina a veces es capaz de generar tanto papel sucio como necesitamos pero conservo los especiales.
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