Los expertos en hábitos de consumo han dado en estudiar sus variaciones en épocas de crisis económica y, supongo que tras costosos y largos trabajos de investigación de mercado y opinión, han llegado a la conclusión de que las españolas en tiempos de crisis compramos más barras de labios. Y resulta que también se incrementan las ventas de corbatas para los chicos. Pues tampoco hacía falta estudiarlo mucho, creo yo.
Es de dominio público el absurdo tópico (tan absurdo como real) de que a las chicas en tiempos de crisis (personales, no económicas) nos da por comprar. Si andas sobrada de pasta el tour te lleva por tiendas de modistos con nombre y apellido (incluso dice la leyenda que algunas se van a Nueva York), si resulta estás más justita de fondos... con Zara te arreglas, si estás a fin de mes te vas a la perfumería y echas la tarde para elegir un rouge de labios y un rimel con efecto alargador y rizador de pestañas, y si la cosa está ya más jodidilla, qué se le va a hacer: rouge de labios, nada más.
Lo de las corbatas no lo veo tan claro. No tengo ni idea de cómo solucionan ellos sus crisis personales más allá de los métodos clásicos de incrementar las salidas de copas, jugar con los amigos partidillos de fútbol o pádel, o darse a la multiaventura como si de una bebida alcohólica se tratara, pero lo de comprarse corbatas no me suena. Sí es seguro que las que les compran corbatas en tiempos de crisis son sus chicas. En tiempos de crisis de pareja me refiero. Porque cuando la rutina anida en una casa y la parte femenina del cotarro empieza a quejarse a sus amigas de que con lo divertido que era su chico (y aún lo sigue siendo de puertas afuera, suele añadir) en casa ya se ha convertido en uno más de los muebles del salón... el siguiente paso, y acción habitual cuando una se aburre de los muebles, es cambiar la tapicería. Y, vaya, retapizar un sofá cuesta un riñón pero una corbatita para el mueble humano es mucho más asequible. Así que lo del incremento en las ventas de las corbatas creo yo que sí estará relacionado con las situaciones de crisis, sí, pero con las conyugales, no con las otras. Y lo del cambio de corbata es tan sólo una primera medida de intento de salvación (así que estad atentos chicos), pero los efectos suelen ser débiles y pasajeros. De resultas de lo anterior podríamos deducir (tal como si de un sesudo estudio de cualquier universidad se tratara) que el verdadero mercado emergente este otoño va a ser ...el de hombres impares.
Es de dominio público el absurdo tópico (tan absurdo como real) de que a las chicas en tiempos de crisis (personales, no económicas) nos da por comprar. Si andas sobrada de pasta el tour te lleva por tiendas de modistos con nombre y apellido (incluso dice la leyenda que algunas se van a Nueva York), si resulta estás más justita de fondos... con Zara te arreglas, si estás a fin de mes te vas a la perfumería y echas la tarde para elegir un rouge de labios y un rimel con efecto alargador y rizador de pestañas, y si la cosa está ya más jodidilla, qué se le va a hacer: rouge de labios, nada más.
Lo de las corbatas no lo veo tan claro. No tengo ni idea de cómo solucionan ellos sus crisis personales más allá de los métodos clásicos de incrementar las salidas de copas, jugar con los amigos partidillos de fútbol o pádel, o darse a la multiaventura como si de una bebida alcohólica se tratara, pero lo de comprarse corbatas no me suena. Sí es seguro que las que les compran corbatas en tiempos de crisis son sus chicas. En tiempos de crisis de pareja me refiero. Porque cuando la rutina anida en una casa y la parte femenina del cotarro empieza a quejarse a sus amigas de que con lo divertido que era su chico (y aún lo sigue siendo de puertas afuera, suele añadir) en casa ya se ha convertido en uno más de los muebles del salón... el siguiente paso, y acción habitual cuando una se aburre de los muebles, es cambiar la tapicería. Y, vaya, retapizar un sofá cuesta un riñón pero una corbatita para el mueble humano es mucho más asequible. Así que lo del incremento en las ventas de las corbatas creo yo que sí estará relacionado con las situaciones de crisis, sí, pero con las conyugales, no con las otras. Y lo del cambio de corbata es tan sólo una primera medida de intento de salvación (así que estad atentos chicos), pero los efectos suelen ser débiles y pasajeros. De resultas de lo anterior podríamos deducir (tal como si de un sesudo estudio de cualquier universidad se tratara) que el verdadero mercado emergente este otoño va a ser ...el de hombres impares.
Así que voy a ir avisando a mis amigas solteras de este subidón en las ventas de corbatas, porque tendremos que ir afilando el rouge. Que nunca se sabe, lo mismo sale al mercado algo aprovechable.


3 comentarios:
Gracias por el adelanto. Pues nada, me tendré que pasar a por algo de rouge (que no tengo ni uno) y un rimmel que no me haya caducado, que el último creo que lo tengo que desatascar para poder desenrosacarlo.
Y no es por ausencia de crisis mi falta de maquillaje, es que a mi me da por irme a la FNAC, que por cierto me sale muchisimo más caro porque paso por todas las secciones.
Me aplicaré tu estrategia.
Besos.
Jaja, Ana, yo soy de las que fastidian las estadísticas... a mí en tiempos de crisis y no crisis me da por comprar libros.
Un placer volver a leerte.
Un beso
Sí, chicas, lo de los libros también vale, pero sale mucho más caro y abultan un montón. En libros yo opto por el préstamo, en las barras de labios... no sé, como que lo veo un poco cochinada. Un beso.
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