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sábado, 17 de mayo de 2008

Bruja y Fantasma

Éranse una vez una bruja y un fantasma que se conocieron por casualidad. Poco a poco se dieron cuenta de que les gustaba mucho hablar de sus cosas, y hablaban, y hablaban y hablaban. Y se reían un montón. Y les gustaba reírse juntos. Y se hicieron amigos. A Bruja, según iban cogiendo confianza, le pareció que si Fantasma se quitaba el trapo todo sería incluso mejor. Porque de todos es sabido que los fantasmas se sirven del trapo para evitar que les hagan daño, pero ese mismo trapo también impide que sean besados, tocados, acariciados o hablados al oído. Bueno, de todos es sabido menos de los fantasmas con trapo. Como ellos siempre lo llevan puesto, no saben bien lo que es una vida sin trapo. Así que a Bruja le dio por intentar que su amigo fantasma se quitara el trapo. Y le explicaba lo bueno de vivir sin trapo. Fantasma decía que sí, que lo haría, que no se preocupara, y Bruja, que era bruja lista y buena, pero un poquito tonta también, le creyó, y siguió hablando con él, y de vez en cuando insistía en las bondades de vivir sin trapo. Y llegó el día en que Fantasma había dicho a Bruja que se lo quitaría. Bruja quiso hablar con él pero Fantasma… había desaparecido (sí, lo de las desapariciones es una peguita que tienen los fantasmas). Bruja se quedó muy triste y echó mucho de menos a Fantasma, pero con el tiempo lo olvidó.

Unos años después el destino volvió a reunir a Bruja y a Fantasma. Y, como la primera vez, les gustaba mucho hablar. Bruja pensó que si Fantasma era un fantasma con trapo ella lo aceptaría así, y lo intentó, y siguió hablando con él. Y, si tardaban en hablar, Bruja echaba de menos a Fantasma. Fantasma a Bruja no, porque el trapo evita que los fantasmas echen de menos a nadie. Bruja, que había creído que podría conformarse con un amigo fantasma con trapo, con el tiempo tuvo que ver que no era así. Bruja ya no pedía a Fantasma que se quitara el trapo pero, sin darse cuenta, empezó a confiar en que lo haría. Y tener un amigo fantasma sin trapo iba a ser estupendo, porque podrían hacer lo mismo pero más cerquita y a los amigos siempre les apetece estar cerca.

Un día Bruja fue a Fantasmilandia. Fantasma le había contado cómo era aquello y a ella le apetecía mucho ir. Aunque Fantasma nunca dijo que fuera a quitarse el trapo allí, Bruja… Bruja pensó que lo haría. Y ahí es donde Bruja volvió a equivocarse: Fantasma vivía cómodo bajo su trapo, y nunca se lo quitaría. Cuando Bruja fue consciente de eso quiso hablar con Fantasma y explicarle que tenía que decirle adiós, porque ella nunca iba a poder conformarse, siempre iba a llegar el momento en que quisiera un amigo sin trapo y, al ver que él no querría, volvería a sufrir. Porque a ella le parecía que todas las palabras, las risas y los besos son mucho menos a través de un trapo, y ella ya no entendía por qué él no quería quitárselo para estar con ella. Pero no pudo explicárselo a Fantasma, porque cuando le buscó para hablar con él, él había desaparecido otra vez.

Y ahora Bruja y Fantasma ya no son amigos. Y Bruja está triste y, a veces, llora. Fantasma no, porque ya hemos dicho que los fantasmas con trapo no saben echar de menos, el trapo no les deja sentir dolor cuando se alejan de los amigos. Es por eso que los fantasmas desaparecen tanto.