Por la noche soñó que había cambiado su cuerpo por el de su perro, y que con el cuerpo cambiaban sus vidas. Vida de perro, le tocó a él. Por la mañana al despertar no quiso mirarse al espejo, por si acaso. Y salió a la calle como siempre y, como siempre, hizo su vida normal. Nada había cambiado. O eso le pareció. Al ponerse el sol volvió a casa y, entonces sí, se miró al espejo. La imagen que el espejo le devolvía tan sólo le sacó una sonrisa. Menos mal que él ya se lo imaginaba.
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jueves, 29 de mayo de 2008
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