Llevo unos días que estoy sembrada. De inteligencia, aplomo y seguridad. Con decir que en la última película que he visto hay varias escenas que no he entendido y me las han tenido que explicar mis hijos... (sí, era de dibus y no, no pienso decir el título, como autohumillación esto ya me parece suficiente).
Además resulta que, una vez que está una floja, va el entorno y se ensaña... un par de virus sucesivos, el tráfico en Madrid, un nuevo sucedido imposible en mi corta familia (esta vez en nuestra contra), las intrigas de casi adolescentes en el trabajo, las pelis de dibus o... mismamente las fechas, que no hay nada como unas fiestas navideñas cuando el aplomo flojea.
Así que aquí estoy, en la casa de mis mayores, a punto de estabular a ocho menores en un comedor de veinte metros, mientras los nueve comensales adultos hacen como si creyeran que por una vez van a cenar tranquilos...JA!. Podríamos hacer apuestas sobre qué adulto perderá el primero la paciencia (mi padre tiene muuuuuchas papeletas, pero a veces nos sorprende y delega su cargo de impaciente en otro de nosotros), quiénes se enzarzarán en la primera pelea a puñetazos (en los menores, esto sólo pasa en los menores... por lo menos hasta ahora), quién será el primer lesionado o cuánto tardaré yo en sentirme un grano dentro de mi tradicional ambiente familiar de parejas eternas. Cosas de la Navidad.
Encima mis altas hermanas se me presentan todos los años subidas al taconazo, peinadas de pelu, maquilladas de fiesta y llenas de plateados y yo, ... pues lo dicho, parezco un grano, o una espinilla, que es más chiquita. Así que he decidido que este año no me pillan, que una si ha de ser grano lo será, pero un grano elegante y fashion: de plata, rimel y melena al viento. Que los granos también sabemos vestirnos de fiesta.
Además resulta que, una vez que está una floja, va el entorno y se ensaña... un par de virus sucesivos, el tráfico en Madrid, un nuevo sucedido imposible en mi corta familia (esta vez en nuestra contra), las intrigas de casi adolescentes en el trabajo, las pelis de dibus o... mismamente las fechas, que no hay nada como unas fiestas navideñas cuando el aplomo flojea.
Así que aquí estoy, en la casa de mis mayores, a punto de estabular a ocho menores en un comedor de veinte metros, mientras los nueve comensales adultos hacen como si creyeran que por una vez van a cenar tranquilos...JA!. Podríamos hacer apuestas sobre qué adulto perderá el primero la paciencia (mi padre tiene muuuuuchas papeletas, pero a veces nos sorprende y delega su cargo de impaciente en otro de nosotros), quiénes se enzarzarán en la primera pelea a puñetazos (en los menores, esto sólo pasa en los menores... por lo menos hasta ahora), quién será el primer lesionado o cuánto tardaré yo en sentirme un grano dentro de mi tradicional ambiente familiar de parejas eternas. Cosas de la Navidad.
Encima mis altas hermanas se me presentan todos los años subidas al taconazo, peinadas de pelu, maquilladas de fiesta y llenas de plateados y yo, ... pues lo dicho, parezco un grano, o una espinilla, que es más chiquita. Así que he decidido que este año no me pillan, que una si ha de ser grano lo será, pero un grano elegante y fashion: de plata, rimel y melena al viento. Que los granos también sabemos vestirnos de fiesta.
FELIZ NAVIDAD A TODOS.

