miércoles, 19 de diciembre de 2007

JOSÉ

Con esto de que se acerca la Navidad y tengo que ir buscando el belén, me ha dado por pensar en San José y, oye, como que le miro con nuevos ojos.
Todos sabemos que San José es el patrón de los padres y hasta chistes ha habido con eso de que Jesús no es hijo suyo. Mira, qué gracioso. Lo que me sorprende es que parece que nadie se ha dado cuenta de que San José fue tan sólo el primero en tener hijos del corazón.
Quizá fue José el primer hombre que, sin dejar de ver la sonrisa en la cara y el brillo en los ojos de su chica, escuchó el… no soy yo sola.
Que los hijos biológicos son casi siempre, por fortuna, también hijos del corazón pero en las veces que la biología no acompaña…
Que lo más fácil (no siéndolo tampoco) es ser padre de hijos con tu grupo sanguíneo, o tu lunar en la mejilla, o tu color de ojos, o tu mala leche, incluso, pero cuando esto no va a pasar…
Que puedes llegar a querer a unos niños como si fueran tuyos sin que ellos nunca te vayan a llamar papá… porque ya tienen uno.
Que si encima resulta que el padre del retoño es un “ex” que está bastante presente…
Que el miedo de José ante el bebé que estaba por venir quizá no está muy lejos del que se siente ahora cuando a la sonrisa en la cara y al brillo en los ojos acompaña algún retoño de una pareja anterior.
Que además Jesús era hijo de Dios y que el ex de tu chica sea Dios tiene que ser brutal para la autoestima y, además, ese sí que está en todos lados.
Y José ¿qué hizo? Echarle… bastones. Y ahí está, en todos los belenes mirando arrebolado a María y al hijo de ésta. Como un Señor.

domingo, 16 de diciembre de 2007

Cambiar el mundo

Las mujeres hemos cambiado el mundo. Sí. Lo dicen los políticos. Hay campañas para fomentar el reparto familiar de tareas, está de moda la conciliación familiar y laboral, hay un montón de mujeres contentas porque sus parejas comparten las labores domésticas y existe la leyenda de que hay algunos que, incluso, monopolizan las tareas. Eso dicen. Pero puede que sea pura leyenda.
Lo que quiero exponer yo ahora es un experimento científico para seleccionar a los compartidores de verdad entre los que sólo lo son de boquilla. A los que ni siquiera lo son de fachada pues para qué, ya se sabe, sorpresas en esos no hay.
Para la prueba necesitamos un niño, cuanto más joven mejor y a ser posible propio, los ajenos también valen pero el compartidor si falla, lo cual es muy probable, va a tener la excusa demasiado fácil.
Una vez que tenemos el niño, la mujer, el varón… para completar el experimento solo hay que esperar a que el niño vomite. Fácil. Muy fácil. Cualquiera que haya tenido niños cerca sabe que ocurre, es una gracia innata que tienen. Algunos se ríen como cascabeles, otros gatean como bólidos, otros…. pero todos vomitan. Sin excepción.
Una vez conseguido esto el experimento dura tan sólo unos segundos. Uno, dos, tres, cuatro, cinco… ¿ha saltado ya el compartidor a rescatar al niño de su propio torrente? ¿no?... seis, siete, ocho, nueve, … ¿ha corrido el compartidor raudo y veloz a recoger el desguisado (palabra escrita correctamente, ver diccionario Real Academia, y semánticamente más apropiada en este caso)?... Vaya. No se le ocurrió. Prefirió quedarse calmando al niño. Por si acaso le vuelve a pasar. Claro. Sí. Muy entendible.
Pero vamos a ver ¿algún científico ha descubierto que la combinación cromosómica XX nos convierte en recogedoras de vómito diplomadas? ¿o es que a los XY les parece que el que los bebés salgan de nuestro cuerpo nos hace soportar con agrado todo lo que salga de los suyos?.
Lo mismo es simple ignorancia… que hay que paliar cuanto antes. A veeeeer, los “outputs” de los niños, salgan por donde salgan, nos dan asco a tod@s, sin excepción ¿entendido? y el ocuparnos de volver las habitaciones e individuos (pequeños, pero individuos) a su estado fragante habitual no nos realiza como madres ni como mujeres. Vamos, ni de lejos. El día que el compartidor salte antes del tercer segundo o al menos antes de que su compañera lo asesine con sus pupilas, ese será el día en el que, de verdad, habremos cambiado el mundo. Lo demás, pura falacia.

miércoles, 12 de diciembre de 2007

Sueños

En la presentación de su último libro Inma Chacón, escritora de las de verdad, ha explicado que ella cree que lo difícil no es conseguir un sueño, lo difícil es identificarlo. Una vez lo identificas ya solo hay que perseguirlo, nada más. Y a mí me ha parecido una frase genial. De las que apunto. Y es absolutamente razonable. El problema gordo en estas frases estupendas está al llevarlas a la práctica. Porque, vale, muy bien, tú consigues identificar un sueño. Chachi. Ahora solo hay que perseguirlo. Y perseguirlo, y perseguirlo y perseguirlo. Porque en la superfrase falta un detalle importante: ¿qué pasa cuando el sueño no te identifica a tí?, ¿eh?, ¿haces que os presenten?: aquí Ana, aquí un sueño, ¿qué tal majo?. ¿O se lo intentas explicar?: oye mira que yo ya te he identificado pero si esto no es recíproco vamos fatal, intenta identificarme, que esto no te supone ningún compromiso, vamos a ver si resulta y si no lo dejamos, ya sé que llevas mucho tiempo solo, tampoco es tanto esfuerzo, que yo soy muy maja, que llevo mucho tiempo soñándote, que sííííí que podrás mantener parte de tu vida de sueño individual... (Buff, ¿de qué me suena a mí esto?, el que el sueño no me entienda ¿tendrá que ver con su género gramatical?).
Creo que hay que bajar a la realidad. Es bonito tener sueños y, yo por lo menos, soy incapaz de dejar de soñar. Mal que me pese. Pero voy a intentar aprender a discriminar lo realizable de lo irrealizable. De lo realizable me ocuparé yo sola. Para lo irrealizable tendré que contar con un equipo de expertos, a los que pediré ayuda por escrito y correo ordinario. Ellos también comparten género con los sueños y la otra mitad de la población mundial pero, por Dios, ellos son Magos, seguro me entienden.

martes, 11 de diciembre de 2007

viernes, 7 de diciembre de 2007

Tres en 2007

Empezó en enero, como cada año.
(Mamá se echó un novio, para celebrarlo).

En casa tuvimos, a modo inventario:
dos amigdalitis y enquistado un ganglio,
las dos dermatitis, otras seis otitis,
y, a punto estuvimos, de pasar bronquitis.
(Mamá no lo dice, pues es tiquismiquis
mas también pasamos dos gastroenteritis).

Verano estupendo para los infantes:
campamento en Faunia con los animales,
viajar a Eurodisney, la playa en el norte…
el peñón en Calpe y los caracoles.
(Y en los entre tantos mamá se marchó
a subir montañas y aquí nos dejó).

Marcos sin parar más alto se hacía,
y, viendo cambiar nuestra perspectiva,
apesadumbrado a veces decía:
“Que menguas mamá, ¡y ya eres chiquita!”.

En septiembre todos volvimos al cole
y de mamá el novio no vimos ni el coche.
(Yo le vi llorar un día o tres,
pero desde entonces no lo ha vuelto a hacer).

Del ganglio abultado el médico dijo:
“Tranquila familia, que es todo benigno”
(y, viendo a mamá con tal regocijo,
le pedí yo un pez y ella… NO, me dijo).

En unas semanas le tocó a Manuel
y dijo el neurólogo: “Nacisteis de pie”.
Y al salir del médico yo no sé por qué,
me dio tal abrazo que me hizo toser.

Y así pasó el año, todo, mes a mes
y en nuestra casita seguimos los tres.
“Que tres es muy poco”, yo le hago saber.
Y, aunque ella me dice que no puede ser,
yo siempre le digo que “quiero un bebé”.

Y, solo por si acaso, yo quiero avisar
si a mamá algún novio se quiere acercar:
decidle que es guapa, sacadle a cenar…
…y si no, mejor, dejádnosla en paz.



miércoles, 5 de diciembre de 2007

Decidir

Meses dándole vueltas y a la vez muerta de miedo. Con la duda de si aún queda algo por hacer. Con la sensación de ser tú la que “debe” aguantar más. Porque sí, claro, la relación no va nada bien pero a ver si resulta que eres tú muy exigente. Porque todo el mundo te dice que la pareja perfecta no existe. ¿No estarás tú buscando un imposible?. Y resulta que para todo el mundo tu pareja es perfecta y tú eres feliz, pero llevas años comiéndote las uñas y nadie se acuerda de cuándo era que a ti te brillaban los ojos. Porque aquello de que las lágrimas hidratan los ojos y los hacen brillar es una burda mentira. Porque tienes hijos y él es su padre y tú crees que ellos se merecen que lo sigas intentando. Y ya no sabes ni cómo. Y buscas en google cómo demonios salvar una pareja en crisis. Y pones en práctica todo lo que lees. Y ya no sabes qué más hacer. Y reenvías todas las cadenas que recibes en tu correo electrónico porque tú no crees en ello pero quieres contar con toda la ayuda posible y, vamos, que lo que te faltaba a ti son años de mala suerte en el amor porque ¿cuántos llevas ya?. Y de pronto un día te paras y sólo piensas… ya está bien, y a él le dices: “No puedo más”. Y ya está. Se acabó. Te decidiste.
Pero no sabes por qué curiosa estrategia mental en ese momento se agota toda tu capacidad de decisión y, durante un tiempo, hasta la más mínima duda se convertirá en un problema insalvable. Y pasas semanas acumulando los kleenex en los bolsillos de tu ropa porque no sabes en qué cubo echarlos, si en el de basura orgánica o en el de papel ¿qué es lo que pesa más?.

domingo, 2 de diciembre de 2007

Amig@s

Hace muy poquito un amigo de los de siempre me hizo una sugerencia (un inciso, el “siempre” en mis amigos engloba a los de años de universidad y anteriores porque cuando en la antigüedad de las amistades se superan los 18 años ya es indiscreción concretar). Así que amigo “de siempre”. Él mantenía que ya que Amaral habla de sus amigos en una canción yo no tenía más remedio que hacerlo de los míos en mi blog. Argumento poderoso donde los haya. Así que me vi obligada a planteármelo en serio, y tan en serio me lo tomé que me puse profunda: ¿cuál es la verdadera amistad? ¿a quiénes debemos llamar amigos?. Y a punto estuve de rememorar a Pecos con aquello de “…la amistad es como un río que, que naveeega hacia la maaaaaaar…”, pero sin las guitarras y la panda “de siempre” berreando a mi lado no conseguí inspirarme. Así que me di a la pura investigación.
Hace bien poquito leí una entrevista con un actor español bastante conocido en la que explicaba que había tenido su casa llena de gente hasta que un día pensó quién de todos ellos le llevaría a un hospital si se ponía enfermo. Desde entonces, dice, su número de amistades se ha reducido pero son los buenos los que se han quedado.
Una revista de sicología un par de años atrás dedicaba un reportaje a la amistad y dos eminentes profesores de universidad definían lo que ellos entendían por un “buen amigo”. En resumen eran, según sus distintas opiniones, los que “te dejan llorar” o los que “te prestarían dinero”. Hay también una variable sobre la primera opinión: buen amigo es aquél que llora cuando tú lloras.
Luego está también la teoría quizá más pesimista que a nadie se le pueda ocurrir según la cual solo puedes tener amigos buenos si son pocos. Porque como resulte que tienes muchos, buff, vete preocupando que la mayoría han de ser malos o, al menos, superficiales. Sí, así es, como una teoría matemática. Y de nada vale que te hayan llevado al hospital, llores en su hombro a moco tendido cada dos por tres o te hayan ahorrado el pedir al banco una hipoteca. Nada, da igual.
Y ya puesta a profundizar, podría haber pensado en intentar tamizar mi círculo de amistades con cualquiera de los criterios citados. He de admitir que tengo bastante a mi favor porque teniendo pocos (creo que no llegan a veinte) me toca que sean todos buenos. Y, además, un@s cuant@s están ya sobradamente contrastados. Pero, aún así, y dado que cualquiera de los criterios propuestos exige pasar por algún mal momento, vital o económico y que ahora mismo no me viene bien (vamos que yo si hay que sufrir, sufro, pero voluntariamente… pues no), voy a optar por dejarme de profundidades y simplemente disfrutar de lo que tengo. Que estoy yo muy bien así.

¿Te vale esto Carlitos?