Con esto de que se acerca la Navidad y tengo que ir buscando el belén, me ha dado por pensar en San José y, oye, como que le miro con nuevos ojos.
Todos sabemos que San José es el patrón de los padres y hasta chistes ha habido con eso de que Jesús no es hijo suyo. Mira, qué gracioso. Lo que me sorprende es que parece que nadie se ha dado cuenta de que San José fue tan sólo el primero en tener hijos del corazón.
Quizá fue José el primer hombre que, sin dejar de ver la sonrisa en la cara y el brillo en los ojos de su chica, escuchó el… no soy yo sola.
Que los hijos biológicos son casi siempre, por fortuna, también hijos del corazón pero en las veces que la biología no acompaña…
Que lo más fácil (no siéndolo tampoco) es ser padre de hijos con tu grupo sanguíneo, o tu lunar en la mejilla, o tu color de ojos, o tu mala leche, incluso, pero cuando esto no va a pasar…
Que puedes llegar a querer a unos niños como si fueran tuyos sin que ellos nunca te vayan a llamar papá… porque ya tienen uno.
Que si encima resulta que el padre del retoño es un “ex” que está bastante presente…
Que el miedo de José ante el bebé que estaba por venir quizá no está muy lejos del que se siente ahora cuando a la sonrisa en la cara y al brillo en los ojos acompaña algún retoño de una pareja anterior.
Que además Jesús era hijo de Dios y que el ex de tu chica sea Dios tiene que ser brutal para la autoestima y, además, ese sí que está en todos lados.
Y José ¿qué hizo? Echarle… bastones. Y ahí está, en todos los belenes mirando arrebolado a María y al hijo de ésta. Como un Señor.
Todos sabemos que San José es el patrón de los padres y hasta chistes ha habido con eso de que Jesús no es hijo suyo. Mira, qué gracioso. Lo que me sorprende es que parece que nadie se ha dado cuenta de que San José fue tan sólo el primero en tener hijos del corazón.
Quizá fue José el primer hombre que, sin dejar de ver la sonrisa en la cara y el brillo en los ojos de su chica, escuchó el… no soy yo sola.
Que los hijos biológicos son casi siempre, por fortuna, también hijos del corazón pero en las veces que la biología no acompaña…
Que lo más fácil (no siéndolo tampoco) es ser padre de hijos con tu grupo sanguíneo, o tu lunar en la mejilla, o tu color de ojos, o tu mala leche, incluso, pero cuando esto no va a pasar…
Que puedes llegar a querer a unos niños como si fueran tuyos sin que ellos nunca te vayan a llamar papá… porque ya tienen uno.
Que si encima resulta que el padre del retoño es un “ex” que está bastante presente…
Que el miedo de José ante el bebé que estaba por venir quizá no está muy lejos del que se siente ahora cuando a la sonrisa en la cara y al brillo en los ojos acompaña algún retoño de una pareja anterior.
Que además Jesús era hijo de Dios y que el ex de tu chica sea Dios tiene que ser brutal para la autoestima y, además, ese sí que está en todos lados.
Y José ¿qué hizo? Echarle… bastones. Y ahí está, en todos los belenes mirando arrebolado a María y al hijo de ésta. Como un Señor.



