domingo, 2 de diciembre de 2007

Amig@s

Hace muy poquito un amigo de los de siempre me hizo una sugerencia (un inciso, el “siempre” en mis amigos engloba a los de años de universidad y anteriores porque cuando en la antigüedad de las amistades se superan los 18 años ya es indiscreción concretar). Así que amigo “de siempre”. Él mantenía que ya que Amaral habla de sus amigos en una canción yo no tenía más remedio que hacerlo de los míos en mi blog. Argumento poderoso donde los haya. Así que me vi obligada a planteármelo en serio, y tan en serio me lo tomé que me puse profunda: ¿cuál es la verdadera amistad? ¿a quiénes debemos llamar amigos?. Y a punto estuve de rememorar a Pecos con aquello de “…la amistad es como un río que, que naveeega hacia la maaaaaaar…”, pero sin las guitarras y la panda “de siempre” berreando a mi lado no conseguí inspirarme. Así que me di a la pura investigación.
Hace bien poquito leí una entrevista con un actor español bastante conocido en la que explicaba que había tenido su casa llena de gente hasta que un día pensó quién de todos ellos le llevaría a un hospital si se ponía enfermo. Desde entonces, dice, su número de amistades se ha reducido pero son los buenos los que se han quedado.
Una revista de sicología un par de años atrás dedicaba un reportaje a la amistad y dos eminentes profesores de universidad definían lo que ellos entendían por un “buen amigo”. En resumen eran, según sus distintas opiniones, los que “te dejan llorar” o los que “te prestarían dinero”. Hay también una variable sobre la primera opinión: buen amigo es aquél que llora cuando tú lloras.
Luego está también la teoría quizá más pesimista que a nadie se le pueda ocurrir según la cual solo puedes tener amigos buenos si son pocos. Porque como resulte que tienes muchos, buff, vete preocupando que la mayoría han de ser malos o, al menos, superficiales. Sí, así es, como una teoría matemática. Y de nada vale que te hayan llevado al hospital, llores en su hombro a moco tendido cada dos por tres o te hayan ahorrado el pedir al banco una hipoteca. Nada, da igual.
Y ya puesta a profundizar, podría haber pensado en intentar tamizar mi círculo de amistades con cualquiera de los criterios citados. He de admitir que tengo bastante a mi favor porque teniendo pocos (creo que no llegan a veinte) me toca que sean todos buenos. Y, además, un@s cuant@s están ya sobradamente contrastados. Pero, aún así, y dado que cualquiera de los criterios propuestos exige pasar por algún mal momento, vital o económico y que ahora mismo no me viene bien (vamos que yo si hay que sufrir, sufro, pero voluntariamente… pues no), voy a optar por dejarme de profundidades y simplemente disfrutar de lo que tengo. Que estoy yo muy bien así.

¿Te vale esto Carlitos?

No hay comentarios: