La editorial Salamandra se caracteriza por un breve catálogo, con pocos autores pero muy seleccionados. No editan a escritores noveles (una lástima) sino a algunos ya publicados en otros países y que se traducen para el público español. Una editorial pequeña y de corta historia pero con la inmensa fortuna de ser la primera editorial española a la que se ofreció el manuscrito de “Harry Potter y la piedra filosofal”, y de haber sabido aprovechar el ofrecimiento y decidir publicarlo, a pesar del informe del primer lector especializado.
Son varios los libros de esta editorial que he leído a lo largo de este año:
- el primero “Harry Potter y el prisionero de Azkaban”, tercer libro de la saga de J.K. Rowling, de agradable lectura como los anteriores y sin duda una lección de cómo dirigirse al público juvenil.
- el segundo “Cometas en el cielo” de Khaled Hosseini, una dura narración sobre la amistad de dos niños y sus padres en el Kabul anterior a la invasión rusa de 1980 y su devenir hasta la actualidad; de lectura ágil, el desarrollo de la historia en el libro invita a meditar, emocionarse, indignarse o, incluso, escandalizarse, pero sin duda a no quedar, en ningún caso, indiferente.
- Y, por último, “El abanico de Seda” de Lisa See, otra historia de amistad, esta vez entre dos mujeres. Otra amistad larga y marcada por el sufrimiento, en este caso compartido; la escritora narra con todo el detalle y delicadeza que la situación permite una sucesión de tradiciones milenarias a las que han de someterse las niñas y mujeres chinas, con especial mención del vendado de pies, ya conocido por múltiples lecturas anteriores pero ninguna de ellas lo mostró con tanta sensibilidad y a la vez con tanta crudeza, resultado una de la mirada de Lisa See y la otra de la sencilla realidad que supone tamaña bestialidad en un cuerpo que está apenas comenzando a desarrollarse.
Amos Oz, premio Príncipe de Asturias de las Letras 2007, en su discurso de agradecimiento en Oviedo hablaba del papel de la literatura como puente entre los pueblos. Él sostiene, y cito textualmente, que “cuando lees una novela de otro país, se te invita a pasar al salón de otras personas, al cuarto de los niños, al despacho, e incluso al dormitorio. Se te invita a entrar en sus penas secretas, en sus alegrías familiares, en sus sueños. Y por eso creo en la literatura como puente entre los pueblos. Creo que la curiosidad tiene, de hecho, una dimensión moral. Creo que la capacidad de imaginar al prójimo es un modo de inmunizarse contra el fanatismo.” Amos Oz aplica sus creencias a la tragedia árabe-israelí: “Parte de la tragedia árabe-judía es la incapacidad de muchos de nosotros, judíos y árabes, de imaginarnos unos a otros. De imaginar realmente los amores, los miedos terribles, la ira, los instintos. Demasiada hostilidad impera entre nosotros y demasiada poca curiosidad”.
Es fácil estar de acuerdo con el recién premiado escritor, la literatura puede hacer que mundos aparentemente muy lejanos de los nuestros se nos hagan cercanos y entendibles, que nos hagan ver que al fin y al cabo todos perseguimos lo mismo. Y a éste acertado y a la vez inmenso fin de la literatura sirven, y de qué manera, los dos libros últimos citados: “Cometas en el cielo” y “El abanico de Seda" de Lisa See.
En cuanto a Harry Potter… quizá tampoco nos venga mal desentrañar un poco el mundo de los magos buenos y conocer sus herramientas para combatir el mal, a las malas brujas y a los brujos malos. Porque tengo yo por seguro que haberlos haylos, aunque suelen disfrazarse con traje de chaqueta o lucir una sonrisa angelical.
Son varios los libros de esta editorial que he leído a lo largo de este año:
- el primero “Harry Potter y el prisionero de Azkaban”, tercer libro de la saga de J.K. Rowling, de agradable lectura como los anteriores y sin duda una lección de cómo dirigirse al público juvenil.
- el segundo “Cometas en el cielo” de Khaled Hosseini, una dura narración sobre la amistad de dos niños y sus padres en el Kabul anterior a la invasión rusa de 1980 y su devenir hasta la actualidad; de lectura ágil, el desarrollo de la historia en el libro invita a meditar, emocionarse, indignarse o, incluso, escandalizarse, pero sin duda a no quedar, en ningún caso, indiferente.
- Y, por último, “El abanico de Seda” de Lisa See, otra historia de amistad, esta vez entre dos mujeres. Otra amistad larga y marcada por el sufrimiento, en este caso compartido; la escritora narra con todo el detalle y delicadeza que la situación permite una sucesión de tradiciones milenarias a las que han de someterse las niñas y mujeres chinas, con especial mención del vendado de pies, ya conocido por múltiples lecturas anteriores pero ninguna de ellas lo mostró con tanta sensibilidad y a la vez con tanta crudeza, resultado una de la mirada de Lisa See y la otra de la sencilla realidad que supone tamaña bestialidad en un cuerpo que está apenas comenzando a desarrollarse.
Amos Oz, premio Príncipe de Asturias de las Letras 2007, en su discurso de agradecimiento en Oviedo hablaba del papel de la literatura como puente entre los pueblos. Él sostiene, y cito textualmente, que “cuando lees una novela de otro país, se te invita a pasar al salón de otras personas, al cuarto de los niños, al despacho, e incluso al dormitorio. Se te invita a entrar en sus penas secretas, en sus alegrías familiares, en sus sueños. Y por eso creo en la literatura como puente entre los pueblos. Creo que la curiosidad tiene, de hecho, una dimensión moral. Creo que la capacidad de imaginar al prójimo es un modo de inmunizarse contra el fanatismo.” Amos Oz aplica sus creencias a la tragedia árabe-israelí: “Parte de la tragedia árabe-judía es la incapacidad de muchos de nosotros, judíos y árabes, de imaginarnos unos a otros. De imaginar realmente los amores, los miedos terribles, la ira, los instintos. Demasiada hostilidad impera entre nosotros y demasiada poca curiosidad”.
Es fácil estar de acuerdo con el recién premiado escritor, la literatura puede hacer que mundos aparentemente muy lejanos de los nuestros se nos hagan cercanos y entendibles, que nos hagan ver que al fin y al cabo todos perseguimos lo mismo. Y a éste acertado y a la vez inmenso fin de la literatura sirven, y de qué manera, los dos libros últimos citados: “Cometas en el cielo” y “El abanico de Seda" de Lisa See.
En cuanto a Harry Potter… quizá tampoco nos venga mal desentrañar un poco el mundo de los magos buenos y conocer sus herramientas para combatir el mal, a las malas brujas y a los brujos malos. Porque tengo yo por seguro que haberlos haylos, aunque suelen disfrazarse con traje de chaqueta o lucir una sonrisa angelical.


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