A ella le gustaba mucho viajar. Mucho. Le habría gustado conocer París. Y Berlín. También Lima. Y muchas veces soñaba con pasear por la Plaza Roja. O con tomarse un helado en Milán. O un perrito caliente en Manhattan. O un tequila con sal y limón en el mismísimo México D.F. O con saborear el dulce de leche en el corazón de la Patagonia. Otras veces se despertaba cansada por haberse pateado la Gran Muralla China. Eso le habría hecho feliz.
Porque en realidad ella hacía un viaje todos los días. Todos. A las siete y media de la mañana montaba en un tren de cercanías. Durante cuarenta y siete minutos. Cada día. Pero con el mismo destino: su trabajo, su cansado y aburrido trabajo. Eso no era viajar, pensaba ella.
Y un día se levantó y decidió viajar. Y empezó a hacerlo. Cada día. Los lunes tocaba París. Los martes Milán. El miércoles siempre llegaría a Nueva York. El jueves tocaba Argentina. Y el viernes La Gran Muralla. Así cada semana: se levantaba, se vestía y viajaba. Cuarenta y siete minutos. Menuda suerte.
Porque en realidad ella hacía un viaje todos los días. Todos. A las siete y media de la mañana montaba en un tren de cercanías. Durante cuarenta y siete minutos. Cada día. Pero con el mismo destino: su trabajo, su cansado y aburrido trabajo. Eso no era viajar, pensaba ella.
Y un día se levantó y decidió viajar. Y empezó a hacerlo. Cada día. Los lunes tocaba París. Los martes Milán. El miércoles siempre llegaría a Nueva York. El jueves tocaba Argentina. Y el viernes La Gran Muralla. Así cada semana: se levantaba, se vestía y viajaba. Cuarenta y siete minutos. Menuda suerte.


2 comentarios:
...parece que este post es dedicado a mi ... me has leido el pensamiento, creo que nos conocemos cada vez mas ...
47 minutos .. que envidia Ana .. ciento ochenta minutos me dan mucho que soñar , ya sabes lo que tardo al dia, pero me da tiempo para soñar, viajer un poco, pero casi siempre al mismo sitio ,pero cuando me tengo que bajar del autobus, desciendo con una sonsisa complice , el tiempo que he tenido para vivir durante el trayecto ... pero a mi me vale, porque se que al final se hara realidad ... y viajare .
Un beso Ana ...
Juan, a tí y a todos los que pasan parte de su vida en un transporte público. Es ficción, esta no soy yo. Pero me alegro que aproveches para soñar, porque tú desde luego tienes tiempo de sobra. Un beso.
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