Esta tarde he ido al súper de mi barrio a hacer la compra. Como no me parecía una actividad suficientemente intensa he decidido complementarla con la meditación sobre qué habría de escribir hoy (chunga manía esta de ir pensando historias para escribir mientras tendría que estar concentrada en otras). Y a lo tonto, a lo tonto, me ha dado por pensar que el súper del barrio y mi cerebro son muy parecidos. Mucho. Y hoy más.
En mi parte de cerebro dedicada a las historias para contar hay también muchas estanterías. Esas estanterías se van surtiendo gracias a otras partes del cerebro: la de sucedidos propios da bastante juego, luego está la de las cosas que le pasan a la gente de mis alrededores (los plagios vitales, digamos), está también la zona “me invento lo que me da la gana”, la de los sueños por cumplir, está también la de aquellas cosas que me pasaron hace mucho, está la zona “lo que he leído” (no muy repleta ésta, por otra parte), la “lo que he oído” (esta… esta sí, esta está cumplidita)… Todas estas zonas (y otras parecidas) son las zonas cerebrales que cumplen la función de mayoristas, o productores.
De esas lejanas zonas cerebrales algún vehículo de transporte (podríamos decir neuronas pero quizá no se pillaría bien el símil) va trasladando un poquito de aquí otro poquito de allá a la zona cerebral cercana, a esa a la que yo puedo acceder sin mucho esfuerzo. Entonces, cuando quiero escribir, entro en el supermercado a echar un vistazo, y me encuentro con qué me han traído los transportistas, y elijo. Como buena clienta habitual, me conozco el súper cual si fuera la palma de mi mano, y hay estanterías que ni miro, porque nunca quiero coger historias de ahí, en cambio están esas otras en las que la mercancía no tiene tiempo de coger polvo: en cuanto llega me la agencio enseguida y la convierto en historia publicable.
El caso es que hoy mi supermercado mental y el de enfrente de casa adolecen del mismo problema: escasez de artículos en las estanterías. Y la razón en los dos casos es la misma: huelga de transportistas. Así que parece que se acercan tiempos de escasez. Yo lo aviso porque, como no desconvoquen pronto, me veo tirando de esas estanterías llenas de mercancía antigua llena de polvo y contando, ya que yo historias de mili no tengo, todos los detalles de mis partos.
Yo juro que no quiero pero, si me veo obligada a ello, ya sabéis, la culpa… la tienen los transportistas.
En mi parte de cerebro dedicada a las historias para contar hay también muchas estanterías. Esas estanterías se van surtiendo gracias a otras partes del cerebro: la de sucedidos propios da bastante juego, luego está la de las cosas que le pasan a la gente de mis alrededores (los plagios vitales, digamos), está también la zona “me invento lo que me da la gana”, la de los sueños por cumplir, está también la de aquellas cosas que me pasaron hace mucho, está la zona “lo que he leído” (no muy repleta ésta, por otra parte), la “lo que he oído” (esta… esta sí, esta está cumplidita)… Todas estas zonas (y otras parecidas) son las zonas cerebrales que cumplen la función de mayoristas, o productores.
De esas lejanas zonas cerebrales algún vehículo de transporte (podríamos decir neuronas pero quizá no se pillaría bien el símil) va trasladando un poquito de aquí otro poquito de allá a la zona cerebral cercana, a esa a la que yo puedo acceder sin mucho esfuerzo. Entonces, cuando quiero escribir, entro en el supermercado a echar un vistazo, y me encuentro con qué me han traído los transportistas, y elijo. Como buena clienta habitual, me conozco el súper cual si fuera la palma de mi mano, y hay estanterías que ni miro, porque nunca quiero coger historias de ahí, en cambio están esas otras en las que la mercancía no tiene tiempo de coger polvo: en cuanto llega me la agencio enseguida y la convierto en historia publicable.
El caso es que hoy mi supermercado mental y el de enfrente de casa adolecen del mismo problema: escasez de artículos en las estanterías. Y la razón en los dos casos es la misma: huelga de transportistas. Así que parece que se acercan tiempos de escasez. Yo lo aviso porque, como no desconvoquen pronto, me veo tirando de esas estanterías llenas de mercancía antigua llena de polvo y contando, ya que yo historias de mili no tengo, todos los detalles de mis partos.
Yo juro que no quiero pero, si me veo obligada a ello, ya sabéis, la culpa… la tienen los transportistas.


2 comentarios:
Me ha gustado el simil. Espero que desconvoquen pronto la huelga. Lo digo por la productos alimenticios. Que leerte a ti siempre es bueno. Con o sin huelga. Un beso.
Gracias, Juan, yo también espero que desconvoquen pronto, pero yo lo digo por las dos. Un beso.
Publicar un comentario