Hoy por fin he terminado de montar mi puzzle anual, todos los años monto uno, más o menos por estas mismas fechas. Y el número de piezas es variable.
Yo recuerdo que cuando se acercaba el verano mi padre comentaba a su jefe cuando quería tomar vacaciones y, como mucho, si algún compañero quería coincidir, se ponían de acuerdo entre ellos. Y ya está. Eso era cuadrar vacaciones en la generación de mi padre.
Ahora somos mucho más modernos, mucho más, y para decidir cuándo nos vamos de vacaciones hay que colocar un montón de piezas, según circunstancias personales y familiares, a saber: la pareja, los niños, la cuidadora de los niños, los abuelos (que probablemente ejerzan en algunas semanas de cuidadores), la ex-pareja (si tuviste hijos con ella), los hijos de tu nueva pareja, la ex de tu pareja (por eso de intentar conciliar los tiempos con y sin niños), la pareja de tu ex, los hijos de la pareja de tu ex, los abuelos de los hijos de tu pareja… y así las piezas pueden ir creciendo, o menguando a veces, según los años. Y con tanto lío, al final lo último que haces es decírselo a tu jefe y a tus compañeros de trabajo.
A mi jefe yo se lo diré un día de éstos y ya estoy cruzando los dedos no sea que vaya a ponerme pegas, después de lo que me ha costado llegar a una solución satisfactoria para todo el mundo. En previsión, ya le he preparado una lista con los quince teléfonos de las personas afectadas por posibles variaciones en mis fechas de vacaciones. Para que sea él, si tiene… digamos valor, quien les comunique los cambios. Es más, le diré que ellos también van a tener su número de teléfono. Y me da igual que suene a amenaza.
Yo recuerdo que cuando se acercaba el verano mi padre comentaba a su jefe cuando quería tomar vacaciones y, como mucho, si algún compañero quería coincidir, se ponían de acuerdo entre ellos. Y ya está. Eso era cuadrar vacaciones en la generación de mi padre.
Ahora somos mucho más modernos, mucho más, y para decidir cuándo nos vamos de vacaciones hay que colocar un montón de piezas, según circunstancias personales y familiares, a saber: la pareja, los niños, la cuidadora de los niños, los abuelos (que probablemente ejerzan en algunas semanas de cuidadores), la ex-pareja (si tuviste hijos con ella), los hijos de tu nueva pareja, la ex de tu pareja (por eso de intentar conciliar los tiempos con y sin niños), la pareja de tu ex, los hijos de la pareja de tu ex, los abuelos de los hijos de tu pareja… y así las piezas pueden ir creciendo, o menguando a veces, según los años. Y con tanto lío, al final lo último que haces es decírselo a tu jefe y a tus compañeros de trabajo.
A mi jefe yo se lo diré un día de éstos y ya estoy cruzando los dedos no sea que vaya a ponerme pegas, después de lo que me ha costado llegar a una solución satisfactoria para todo el mundo. En previsión, ya le he preparado una lista con los quince teléfonos de las personas afectadas por posibles variaciones en mis fechas de vacaciones. Para que sea él, si tiene… digamos valor, quien les comunique los cambios. Es más, le diré que ellos también van a tener su número de teléfono. Y me da igual que suene a amenaza.


2 comentarios:
Que cabalas !!! y solo para poder disfrutar de un poco de 'paz'. No se si sentirme agraciado, puede que no, pero yo sigo con la generación de tu padre. Un beso.
Agraciado, Juan, agraciado.
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